29 enero 2009

Lina

La luna parecía un verdadero sol de noche.
Avanzaba con su inconfundible y fantástico paso lento, que hasta los gatos envidiaban. Estaba apurado. Miro el reloj: aún tenía tiempo. La calle estaba desierta; su mente llena de pensamientos. ¿La encontraría al abrir la puerta? Quizás.
Apenas se dio cuenta cuando se encontró enfrente de la casa. Llamó a la puerta. Le contestó el silencio. Probó la manija y la puerta se abrió. Entró lentamente. La tímida luz que entraba de la habitación de al lado dejo ver su figura. Lina parecía tranquila, pero su voz sonó tensa.
- ¿Qué haces aquí?
- Intento convencerte de que cambies de parecer, de que no te vayas.
- Es inútil, lo sabes.
- Si, lo sé. Pero no soportaría que te vayas.
- Aún así es inútil.
- Pero no podía dejar de intentarlo. Prefiero llorar un fracaso, que ver como la tristeza me ataca impunemente. Además... ambos sabemos que no es inútil.- Respiró hondo. Los ojos de Lina resplandecían. Por un momento pareció que no era de noche.
– No niegues lo que sientes. - ¿Cómo puedes tú saber mejor que yo lo que siento? ¡Tú, que sientes lo que no es! ¡Tú, que miras lo que quieres ver! Para ti lo negro es blanco, el día es noche y el amor…Pues no se qué es el amor para ti.
- Para mí… Tú eres el amor.
- Tú no me amas. Tú tienes una obsesión. – sentenció Lina, al tiempo que esbozaba una triste sonrisa. Se sintió confundido, nublado, herido. Sin embargo, su voz sonó nítida y decidida.
- No soportaría perderte.
- ¡Nunca me ganaste! ¡Jugaste al amor en tu loca cabeza! ¡Ves todo como quieres! ¡Ves todo al revés!.. y también así me viste a mí
- ¡¿Crees que estoy loco?! ¡Tú lo estas! Muestras amor conmigo, ¡pero lo niegas al mundo!
- ¡Yo no te amo! ¡Nunca te demostré otra cosa!
- ¡Mentira! No niegues ahora todo lo que tuvimos. No me iré sin que lo reconozcas. Y no me iré sin ti.
Lina rompió a llorar, y él concluyó que era de alegría. Sintió un alivio infinito. Al final, lo único que ella quería era que él perseverara. Igual que siempre.
- ¿Ves? ¿Ves que no puedes negarlo? ¿Por qué? ¿Por qué no quieres verlo?
- ¡El ciego eres tú! ¡El necio eres tú! Mira lo que me has hecho. Mira lo que has ganado con tu obsesión. ¡Me has hecho perder todo aquí! ¡Me has obligado a irme lejos porque no puedo deshacerme de ti! Se sintió sorprendido.
- No entiendo a lo que te refieres. Nunca te he pedido nada. ¿Estas loca mujer?
- Ya se que no entiendes. Ese es el problema. No entiendes que no te amo, sino que te odio.
-¿Confundes amor con odio?- preguntó riendo. Lina se veía abrumada. Aún lloraba. Era evidente que la emoción la superaba.
- Vete, por favor.- Dijo ella.
- No me iré sin ti.
- Entonces yo me iré.
El comentario lo sorprendió. Lina tomó una valija que había en el rincón.
- ¿Lina, qué haces?... ¿Qué pasó con nuestro amor? ¿por qué quieres irte y echar todo por la borda?...- Entonces lo invadió una idea - Tienes miedo, ¿verdad? Tienes miedo a las relaciones estables.- Se calmó, seguramente se trataba de eso. Lina no contestó, parecía estar fuera de sus casillas. - Sabes que no podré seguirte si te vas.
- Precisamente por eso me voy.
Lina se veía muy alterada, casi incontrolable. Desesperado, la miró fijo, buscó en sus ojos y creyó entender: Lina estaba encerrada en su propio laberinto, en su propio mundo, en su propia locura. Ya no confiaba en nada ni en nadie… Ya ni siquiera él la podría sacar. Sintió como le dolía el alma. Ella nunca le pertenecería, no le pertenecería a nadie. Debía elegir: o perderse con ella o perderla. Eligió lo segundo.
- De acuerdo- dijo - Vete.- Y falseó una sonrisa.
Lina lo miró con los ojos muy abiertos y todavía llorosos. Se veía sorprendida, pero no dijo nada. Luego de unos segundos que parecieron eternos, abrió la puerta. Salieron. Se miraron fijo durante un segundo, y las palabras hubieran sobrado. Empezaron a caminar en sentido opuesto.

La vio alejarse con paso triste por la calle desierta, bajo la brillante luz de la luna. Le pareció, sin embargo, que la noche era más oscura que nunca.

Lina caminó unos metros y volteó para verlo por última vez. Lo vio mezclarse entre la multitud, con su extraño y a la vez fantástico paso lento. Lo odiaba, pero en ese momento le dio lástima. Siguió caminando, se seco las lágrimas y sonrió. Al fin y al cabo ya estaba tranquila, el día era hermoso y el sol le acariciaba la piel.

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