11 septiembre 2009

Eolo

Salio del encierro para sentir el viento,
y respirar tranquilo, y tomarse ese tiempo.
Tiempo para oxigenar la cabeza,
para recibir ese aire puro que purifica impurezas.

Aireo las dudas, respiraron pasiones.
Oreo temores, calmaron dolores.
Pero no alcanzo, debia contarlo,
debia decirlo, debia gritarlo.
Y sin dudar solto esas dudas.
Y sin miedo largo esos miedos.

Se hizo amigo de Eolo, y le abrió su alma.
Cometio un error, aunque sintió calma
El viento todo lo escucha y todo lo cuenta.
Todo se guarda y todo confiesa.

El viento es una biblioteca de lamentos perdidos,
de emociones cifradas,
de sueños lejanos,
de todo, y de nada.

Pero se abraza a Eolo,
y se deja llevar, y es libre.
Ya no existe el afuera.
Ya puede ir donde quiera.

Sólo queda una duda,
sólo queda un temor:
que ella sepa escuchar al viento
y a sus tontos susurros de amor.

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